DISCIPLINA EN LA IGLESIA

INTRODUCCIÓN :

Disciplina eclesiástica es un término en riesgo de extinción en el actual vocabulario cristiano.

Desde que los principios del post-modernismo encontraran lugar en el seno de la Iglesia , cualquier concepto que amenace el individualismo y la libertad de escoger el estilo de vida, comportamiento, etc.…, es luego tasado de “arcaico”, hasta pasado de moda.

1. El miedo de la impopularidad lleva a muchos líderes a ser cómplice de pecados y estos son justificados en nombre de una actitud más “humana”.

2. Por otro lado, ¿Qué decir de aquellos que, en nombre del celo por la disciplina, cometieron injusticias y causaron más males que bienes?

3. En todo ese contexto, la disciplina tiene una vida corta y la tolerancia se consagra como la virtud de moda.

4. Ante esto, ¿Qué sucede con una Iglesia sin disciplina? El termino “ disciplina ”, en general, es empleado en varios sentidos. Podemos usarlo para referirnos a un área de enseñanza, al ejercicio del orden, al ejercicio de la piedad ó a medidas correctivas en el seno de la Iglesia.

El objetivo de este artículo es delinear algunos factores de la importancia de la disciplina eclesiástica entre los miembros del cuerpo de Cristo.

I. ERRANDO EL BLANCO

La Iglesia cristiana ha sido acusada de ser el único ejército que ataca a sus heridos.

El grado de la verdad de esta acusación es, muchas veces debido a malos entendidos con relación a la disciplina eclesiástica.

Tales malos entendidos están presentes en por lo menos dos grupos:

1. Lo que aplican la disciplina, y

2. Los que sufren la aplicación de la misma. Como cada caso, debe ser analizado individualmente, solo nos cabe aquí listar los malentendidos más comunes en relación a la disciplina eclesiástica.

a. Disciplina y Despotismo (Autoridad Absoluta).

Con la subida al poder del Partido Nacional en África del Sur, en 1948, la segregación fue legalizada en nombre de la disciplina. Como resultado, fue sancionado el aprisionamiento de negros sin ningún juzgamiento formal. Eso no fue disciplina, sino despotismo.

La historia de la Iglesia Medieval , presenta una vasta galería de ilustraciones de la confusión entre el uso de la disciplina y el ejercicio del despotismo. ¿Sería esto apenas un fenómeno del pasado? Finalmente basta familiarizarse con los círculos eclesiásticos para descubrir que el espíritu medieval aún está vivo y activo en la mente y actitud de algunos líderes modernos.

Hay aquellos que, como resultado de la ganancia por el poder, siguen el camino de Balaam y aman la injusticia (2 Pedro 2.13,15).

Estos estarán siempre listos para “disciplinar” por motivos que les convengan (Judas 16). No se debe olvidar, por eso, que la culpa de Edom consistió en el hecho de que “persiguió a espada a su hermano, y violó todo afecto natural; y en

su furor le ha robado siempre, y perpetuamente ha guardado el rencor”. (Amos 1:11).

b. Disciplina y discriminación:

La confusa identificación entre disciplina y discriminación puede ser vista en dos aspectos:

1. El abandono del disciplinado por parte de la Iglesia , y

2. La actitud del disciplinado en recibir disciplina.

Para evitar el primer error es imprescindible que la familia cristiana no desista de ninguno de sus miembros que cayó. Pablo exhorta a la iglesia para que manifieste perdón, consuelo y afirmación del amor hacia al arrepentido, para que “él mismo no sea consumido por excesiva tristeza” (2 Cor. 2:7-8).

Hay siempre la posibilidad de que el disciplinado no se someta a la disciplina, y acuse a la iglesia de discriminación. Tal actitud apenas manifiesta ignorancia. (Prov. 12:1 Traducción litera). Según las escrituras, es el pecado y la determinación en seguirlo lo que genera discriminación, y no la disciplina (1 Cor. 5:5 y Tim. 1:20).

c. Disciplina y Arbitrariedad :

“¿Con qué derecho hicieron eso?” Esta es la pregunta que constantemente se escucha en casos de disciplina.

Esa pregunta revela un mal entendido común entre disciplina y arbitrariedad. O sea, es como si aquellos que aplican la disciplina no tuviesen ningún derecho de hacer tal cosa debajo del sol.

“Además”, algunos comentan, “¿No somos todos pecadores?”.

Primeramente, es necesario recordar que toda actitud pecaminosa debe ser corregida, pero hay algunas que requieren corrección pública. Por ejemplo en Mateo 18:16-17, el evangelista habla de aquellos que rehúsan abandonar el pecado, aún delante de una amorosa exhortación espiritual.

En su primera carta a los Corintios 5:1-13, Pablo describe a las personas cuyas prácticas traen escándalo a la Iglesia , y en su primera carta a Timoteo 1:20, en la segunda carta a Timoteo 2:17-18 y la segunda carta de Juan 9:11; son mencionados los que disimulan enseñazas contrarias al evangelio. Por otro lado, en la carta a los Romanos 16:17 el apóstol recomienda disciplina a los que causan divisiones en la Iglesia y, al escribir la segunda carta a los Tesalonicenses 3:6-10 el prescribe disciplina eclesiástica para aquellos que se andan desordenadamente. Hay un principio claro: “Los pecados que fueron explícitamente disciplinados en el nuevo Testamento eran conocidos públicamente y externamente evidentes, y muchos de ellos habían continuado por un periodo de tiempo”.

Con relación a la autoridad, es importante recordar que la autoridad en la disciplina nunca viene de aquel que la aplica, más de aquel que la ordenó, o sea, la cabeza y señor de la Iglesia (Efesios 1:22,23). Además, la pregunta a ser hecha debe ser: “¿Con qué derecho un miembro de la Iglesia profana la sangre de la Alianza y ultraja al Espíritu Santo de la gracia?” (Heb. 10:29). También, “¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo, y los haré miembros de una ramera?” (1 Cor. 6:15).

Ningún derecho nos es dado, más si la responsabilidad de amar al pecador y vigilar para que no caigamos (1 Cor. 10:12).

Concluyendo, solamente la ignorancia, equívocos, o dureza de corazón podrían llevar a alguien a distorsionar los principios bíblicos sobre la disciplina eclesiástica y justificar su ausencia entre los miembros del cuerpo de Cristo.

  II. LA ENSEÑANZA BÍBLICA

A. Necesidad de la Disciplina.

Aquel que ordena la disciplina en la Iglesia es el mismo que establece el padrón a ser seguido en el ejercicio de la misma. Ese padrón consiste primeramente en amor paternal (Heb. 12:4-13). Es cierto que el mundo ve la disciplina como una expresión de ira y hostilidad, pero las Escrituras muestran que la disciplina de Dios es un ejercicio de su amor por sus hijos . Amor y disciplina tienen una conexión vital (Apoc. 3:19).

Además, la disciplina mejora la relación familiar (Heb. 12.7-9), y cuando los cristianos reciben la disciplina divina, el Padre Celestial está apenas tratándonos como sus hijos. Dios no disciplina bastardos, o sea hijos ilegítimos (v. 8). El perdón de disciplina divina revela también maravillosos beneficios. La disciplina divina revela también maravillosos beneficios. La disciplina que viene del Señor “es para nuestro bien” (v. 10).

Aunque al inicio sea doloroso recibir la disciplina, ella misma produce paz y rectitud (v. 11). El versículo 13 enseña que el propósito de Dios en disciplinar no es el de incapacitar permanentemente al pecador, si no de restaurar su salud espiritual.

El término hebraico RASUM es usado en el Antiguo Testamento como sinónimo de “instruir” (Prov. 1:3,8), “Corregir” (Prov. 22:15, y 23:13) ó “castigar” (Isaías 53:5). En el Nuevo Testamento, el griego paidei/a puso sentido semejante y es frecuentemente usado en la analogía de los hijos por sus padres en corrección que viene del Señor (ver Heb. 12:1-10 y Apoc. 3:19). En ese sentido, disciplina y sabiduría están íntimamente ligadas en las escrituras. (Salmos 50:17, Prov. 1:1-2 y 15:32). La corrección es fuente de esperanza para los que la aplican, y vida para aquellos que la reciben correctamente (Prov. 19:18 y 4:13). La correcta disciplina debe ser aplicada con amor y no con ira (Prov. 13:24).

Según las Escrituras, la disciplina en la Iglesia está fundamentada no solo apenas en el ejercicio del buen ………………., sino principalmente en los estatutos del Señor. El mandato bíblico referente a la disciplina es encontrado especialmente en la enseñanza de Jesús. (Mt. 18:15-17) y en los escritos de Pablo (1 Cor. 5:1-13). También hay una clara referencia bíblica de que la Iglesia que deja de lado el ejercicio de este mandato, compromete no solo su deficiencia espiritual, sino también su propia existencia. La iglesia sin disciplina es una iglesia sin pureza (Ef, 5:25-27) y sin poder.

La Iglesia de Tiativa fue reprendida debido a su flexibilidad moral (Apoc. 2:20-24).

B. Los Pasos de la Disciplina.

Bíblicamente, las disciplina en la Iglesia , tiene un triple objetivo: 1) Restablecer al Pecador (Mt. 18:15; 1 Cor. 5:5 y Gál. 6:1); 2) Mantener la Pureza de la Iglesia (1 Cor. 5:6-8); y 3) Disuadir a otros (1 Tim. 5:20). Es este triple propósito que apunta hacia los pasos que serán seguidos en una aplicación correcta de disciplina eclesiástica. Esos pasos son especialmente mencionados en Mateo 18: 154-17. 

1. Confrontación Personal :

Mt. 18:15 “… si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos…”. Esto enseña que la confrontación es una tarea cristiana. Una de las mejores cosas que se puede hacer por un hermano que está en pecado es confrontarlo con amor. (Prov. 27:5-6). Pero es siempre arriesgado confrontar a alguien, pues nunca se puede ver la reacción del mismo. Jesús, todavía dirige nuestra atención hacia la alegre posibilidad de que tal hermano nos oiga. Además el término griego e)/legcon (“instruir”, “confrontar” v.15), también puede ser

traducido como “traer ala luz”. Es significativo el hecho de que ese es el mismo término usado en Juan 16:8, para describir el Ministerio del Espíritu en relación con aquellos que están en el mundo, en convencerlos (confrontarlos) “del pecado, de la justicia, y del juicio”. Así, antes de confrontar a un hermano, podemos clamar por ayuda a Aquel cuyo ministerio de la confrontación es siempre eficaz.

2. Amonestación Privada :

En el caso de que el ofensor no atienda la confrontación individual, Jesús ordena que haga amonestación privada (v. 16). En este caso, un número mayor de personas es necesario. Al principio, puede parecer que el objetivo de este caso es intimidar al ofensor. Una atención mayor, nos lleva a entender que el propósito del mismo puede ser el de concienciar al ofensor en cuanto a los prejuicios de su actitudes para con la comunidad del cuerpo de Cristo.

En otras palabras, nuestro pecado trae consecuencias personales y colectivas. Además Jesús afirma que las otras personas envueltas en ese proceso serán testigos de ello.

3. Pronunciamiento Público : (v.17)

Tal proceder nunca es violación de secretos, pues el ofensor deliberadamente rehusó de los caminos previos del arrepentimiento. Delante de tal pronunciamiento cada miembro del cuerpo de Cristo debe orar por el pecador, evitar comentarios innecesarios (2 Tes. 3:14-15) y vigilar a sí mismo (1 Cor. 10:12). Tal procedimiento de disciplina pública trae complicaciones temporales en relación a los sacramentos. (1 Cor. 11:27).

4. Exclusión Pública :

El último recurso de la disciplina es la excomunión (del latín ex “fuera”, y comunicare “comunicar”), en la cual el ofensor es tenido como gentil (a quien no le era permitido entrar en los atrios sagrados del Templo del Señor) y publicano (que eran considerados traidores y apostatas: Lucas 19:2-10). Con estos ya no hay más comunión cristiana, pues deliberadamente rehusaban los principios de la vida cristiana. (1 Cor. 5:11). Si su pecado es herejía, o sea, desvío doctrinario de las verdades fundamentales enseñadas en las Escrituras, ellos no deben nisiquiera ser recibidos en casa. (2 Juan 10:11).

Es claro, que cada uno de esos pasos trae dolor, amor y transparencia. Ninguno de ellos es agradable y ellos solo prosiguen delante de la dureza del corazón del ofensor, o sea, el rechazo al arrepentimiento. Es por esto que la disciplina eclesiástica “no es una actividad de ser realizada tan fácilmente, pero es algo que tiene que ser conducido en la presencia del Señor”.

III. IMPLICACIONES TEOLÓGICAS:

Sin la intención de limitar, más solamente de dar a conocer, aquí les ofrecemos tres tópicos teológicos que están vitalmente ligados al proceso de la disciplina eclesiástica.

A. Disciplina y Adoración Cristiana :

La verdadera adoración “es la más noble actividad que el hombre, por la gracia de Dios, es capaz de hacer”. La exclusiva adoración a Dios es un mandato divino (Mt. 4:10 y Apoc. 19:10), es una marca de fe salvadora (Filip. 3:3), y debe seguir los principios revelados por Dios en su Palabra. Un principio esencial de la adoración cristiana es el celo por la santidad del nombre del Señor (Ex. 20:7 y Mt. 6:9). La

negligencia del pueblo de Dios cuanto a los mandamientos del Señor motiva a los incrédulos a blasfemar el nombre de Dios (Rom. 2:24).

Así, el celo por la Santidad del nombre de Dios implica directamente el ejercicio de la disciplina eclesiástica. Una iglesia adoradora, es al mismo tiempo tolerante para con el pecado, y su sello es una contradicción de términos y recibe la reprensión del Señor. (Apoc. 2:18.29).

B. Disciplina y las Marcas de la Iglesia :

La reforma protestante del siglo XVI consideró importante para la teología cristiana la siguiente pregunta: ¿Cómo distinguir la Iglesia verdadera de la falsa? En otras palabras ¿Cuáles son las marcas de la verdadera iglesia cristiana? Para el reformista Juan Calvino, tales marcas consisten en la proclamación de la palabra, la administración de los Sacramentos y el ejercicio de la disciplina eclesiástica.

Segundo, “Aquellos que piensan que la Iglesia puede sobrevivir por largo tiempo sin disciplina están engañados; a menos que pensamos que podemos omitir un recurso que el Señor consideró necesario para nosotros”. En ese sentido la disciplina eclesiástica es tan necesaria como los ligamentos del cuerpo humano, o como la disciplina en familia”.

Siendo que Cristo desea que su Iglesia “Sin mancha, ni arruga, ni cosa semejante, sino que fuese Santa y sin Mancha” (Ef. 5:27), la disciplina eclesiástica es altamente relevante, pues es un medio instituido por Dios para mantener pura su Iglesia. El siervo de Dios siempre debe anhelar la pureza de la novia del cordero (2 Cor. 11:1-3), aun delante de las posibilidades de su contaminación por el mundo.

C. Disciplina y Evangelismo :

La disciplina evidencia el amor cristiano por el pecador, aunque ese pecador sea uno de los miembros de la Iglesia. Ese amor por el pecador cristiano también refleja el amor de la misma por el pecador incrédulo. La disciplina eclesiástica resalta la sanidad del pecado: Sin la visión de esa sanidad, la iglesia no es correctamente motivada a buscar la redención del pecador. Hay una relación entre disciplina eclesiástica y evangelismo.

Una iglesia sin disciplina se vuelve un impedimento para el avance del evangelio. Esa relación vital entre el evangelismo y la disciplina es clara a la luz de 1 Cor. 5:12-13. el evangelismo es dirigido a los que están fuera de los portones de la Iglesia y que están esclavizados por el pecado.

CONCLUSIÓN : Lanay advierte para el hecho de que “la disciplina es como un medicamento muy fuerte, puede traer la cura o causar mayor daño”. Ningún profesional médico, por esto se rehúsa a aplicar un medicamento que puede curar a su paciente solo porque el mismo es fuerte. Tampoco ningún enfermo hace la opción por la muerte o por la continuidad de la dolencia de la vida y la cura y están próximos.

Una seria reflexión bíblica sobre la disciplina eclesiástica evidencia dos principios básicos:

Primero, que la disciplina en la iglesia no es una opción, mas si una ordenanza y por consecuencia, una bendición divina (Heb. 12:5-7).

Segundo, que la disciplina requiere profundo amor por parte de la Iglesia , y la humanidad y quebrantamiento de de parte del disciplinado (2 Cor. 2:5-11).